Lunes, 02 Enero 2012 14:00

A propósito del Centenario de la Institución Teresiana

SANTO DOMINGO, República Dominicana, 02/01/2012.
Isabel Marín, profesora de Historia y Francisca del C. Ferreira, han escrito en periódicos de República Domincana, reflexiones en torno al centenario de la Institución Teresiana.

123111-12¿Por qué escribir/leer hoy y aquí, sobre San Pedro Poveda?

¿Quién es o por qué puede interesarnos ahora a nosotros un hombre tan lejano ya en el tiempo (1874-1936) y nacido en latitudes tan distantes a las nuestras (Linares, España)? Son preguntas que pueden hacerse incluso quienes ya tienen alguna noticia de él.

Se cumplen ahora cien años de la fundación de la Institución Teresiana, su obra más empeñativa y original. Obra posiblemente más conocida entre nosotros que su propio creador. Obra prestigiosa y prestigiada por su mucho y buen hacer en el mundo de la educación. Obra que ha mantenido y acrecentado el impulso recibido de su fundador, capaz de aunar las mejores voluntades en el quehacer pedagógico en beneficio de todos y, en particular, de los empobrecidos. De todo ello tiene cumplida noticia este país, donde la Obra Teresiana está firmemente arraigada.

Pero hoy no sólo quiero aprovechar la oportunidad que se me brinda para agradecer públicamente la generosa dedicación de la Institución Teresiana a la tarea educativa, sino también, expresar mi admiración y perplejidad ante la personalidad del Padre Poveda. Un hombre que llenó y gastó su vida, hasta cierto punto corta, de modo tan diversificado y coherente: fue sacerdote y educador; pedagogo y publicista; atento espectador de su tiempo; imaginativo en sus incontables proyectos de acción social; ejecutivo y colaborador. Un gran luchador y hombre de paz a la vez. ¿De dónde “bebería” tanta energía para llevar a cabo esa ingente labor? Su comentario al Salmo 116, Creí, por esto hablé, nos da las claves para comprender sus desvelos: “Creer y enmudecer, no es posible”, escribe en 1920.

La antropología define hoy al ser humano como ser-en-relación. Somos seres relacionales interdependientes. Poveda fue un hombre totalmente abierto a la relación con cuanto y cuantos le rodeaban. Abierto y actuante.

Pedro Poveda
Pedro Poveda

Estableció desde muy joven una relación de conocimiento y exigencia consigo mismo como ser habitado por una Presencia. Allí iba y volvía continuamente. Y desde allí estaba presente y escuchante, frente a frente a su interlocutor, de cualquier edad y condición, sin tiempo, de cuerpo entero. Acogía y devolvía su opinión.

“Acudió puntualmente a la cita con su tiempo”, nos dice de él A. Galino, una de las biógrafas más agudas y conocedoras de nuestro autor. Allí donde estuvo fue sensible a las necesidades de sus contemporáneos. Reflexionaba y se implicaba.

En Guadix, el primer lugar de su actuación madura y decisiva, hizo compatible las muchas tareas de su cargo de Secretario del Obispo, con la atención a los “cueveros”, población excluida y excluyente de la “civilización”. Con ellos y para ellos buscó soluciones que desembocaran en una convivencia pacífica. Crea las Escuelas del Sagrado Corazón. Se inspira en la pedagogía más novedosa de la Andalucía de su tiempo: Las Escuelas del Ave María fundadas por Majón, con quien entra en contacto e incluso manda a una maestra a observar el funcionamiento de esas escuelas. Recaba fondos para el mantenimiento de las escuelas y la atención de un comedor y ropero anexos, a donde acudían niños y mayores. Pero esas relaciones fueron incomprendidas por sus propios compañeros de profesión, hasta el extremo de que D. Pedro hubo de abandonar la ciudad.

De las “Cuevas de Guadix” a la Cueva de Covadonga. Covadonga era un lugar diferente y hasta opuesto en clima, costumbres, población, etc. del que procedía. Poveda hubo de hacer sin duda un esfuerzo ímprobo de adaptación. A ello hay que añadir la experiencia de relación negativa que había tenido en Guadix. Pero todo esto no le condujo a replegarse sobre sí mismo. Al contrario. Profundizó, sin duda, en su yo más íntimo y en su vivencia de fe y diversificó su relación en el nuevo contexto.

Fue una etapa de su vida especialmente fructífera. Coincide con un periodo de profundos cambios en las estructuras políticas e ideológicas (a nivel de una élite intelectual, no de la sociedad en su conjunto) en España. Y Poveda ora, estudia y entra de lleno en relación con las fuerzas vivas de la sociedad ovetense. Y desde ahí toma postura buscando nuevas respuestas que, por ser fieles al Evangelio, debían  ser actualizadas y vivas para la sociedad española del momento.  “Yo, que tengo el corazón y la cabeza en el momento presente….”, decía cuando daba cuenta de sus actuaciones.

Allí se hizo escritor. En menos de cinco años publicó Ensayo de proyectos pedagógicos, Las Academias, Diario de una fundación, Alrededor de un proyecto y Para los niños.

Allí experimentó un gran cambio en la búsqueda de vías de solución a los problemas que se vivían entonces, muy particularmente los relacionados con el modelo de educación y la responsabilidad del Estado en las tareas educativas. De hacer escuelas pasó a preocuparse y ocuparse en la formación de maestras y maestros. A ello responde la fundación de la Institución Teresiana, algo inédito en el seno de la Iglesia hasta ese momento.

Inventó formas de asociación y modelos pedagógicos. Se inspiró en lo antigüo y en lo nuevo: desde las comunidades de los primeros cristianos, como forma de vivir el cristianismo (según los describe la Carta a Diogneto) y el humanismo de los grandes maestros del renacimiento español, (Teresa de Jesús), en lo referente al perfil de quienes habían de ser educadores, hasta en las corrientes pedagógicas más novedosas (introducidas en España por la Institución Libre de Enseñanza), respecto a la teoría y las prácticas educativas. Obsérvese como a su fundación le da el nombre de Institución Teresiana.

Covadonga queda pequeña para sus planes de acción y relación y se traslada a Jaén primero y a Madrid más tarde. Sigue creando Academias y residencias para estudiantes de la Escuela Superior del Magisterio y de la Universidad. Colabora activamente con los movimientos de estudiantes universitarios. Es nombrado Asesor Nacional de las Estudiantes Católicas. Sigue indagando y publicando. Es reconocido como un experto en materia de educación y hombre influyente. No deja de actuar con decisión, pero con mansedumbre. Se perfila cada vez más como un luchador y hombre de paz en igual medida.

No es de extrañar pues, que en los convulsos y dicotómicos días de comienzo de la Guerra Civil española, Pedro Poveda que había tomado partido decididamente a favor de hermanar la fe y la ciencia, la fe y la cultura, la fe y la modernidad, fuera uno de los primeros en toparse con una muerte trágica. Una muerte no merecida, pero sí coherente con su vida.

Nos sigue interesando Poveda hoy por su forma de vivir-en-relación: consigo mismo, con los próximos (creando relación de diálogo y  cordialidad con todos, próximos y lejanos), con la vida, con Dios.

Así, de un sencillo muchacho de provincia ha llegado a ser un hombre universal. La Iglesia lo ha reconocido como santo, es decir, como modelo universal de vida cristiana. Hoy D. Pedro es también para nosotros San Pedro Poveda.

Isabel Marín, profesora de Historia.
Publicado en el Periódico NACIONAL de Santo Domingo, el 29 de octubre de 2011

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