Crónica testimonial desde Argentina del acto de beatificación del Cardenal Eduardo Francisco Pironio el 16 de diciembre de 2023.

Luján, provincia de Buenos Aires, Argentina, 16 de diciembre de 2023. Una multitud se dio cita delante de la basílica, frente al escenario dispuesto como altar. Habíamos llegado de lejos y de cerca, de tiempos distintos y de historias que se tocan o apenas se han cruzado, para ser parte y ser testigos de un momento de fe, de misterio, de gratitud. Algunos nos reconocimos con el paso del tiempo hecho vida. Muchos se unieron en la distancia con el deseo de estar, atentos a los medios digitales para captar el ambiente y el instante en el que la voz de Monseñor Carlos Malfa, quebrada por la emoción, pronunciaba la fórmula esperada:

“Eduardo Francisco Pironio, cardenal de la santa Iglesia Romana, testigo de esperanza y paciencia evangélicas, infatigable defensor de las causas de los hermanos más pobres, de ahora en adelante sea llamado beato, y que sea celebrado cada año, en los lugares según las reglas establecidas por el derecho, el 4 de febrero”.

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Los aplausos se mezclaban con lágrimas de alegría mientras se desplegaba el rostro tan conocido, sonriente y apacible como lo recordábamos, al tiempo que las campanas de la basílica repicaban el anuncio como un ¡Magnificat! Estábamos gozando del rostro más bello de la Iglesia, la santidad de un amigo, de un padre espiritual, de un hermano, un paisano, un contemporáneo. Un hombre que vivió gran parte del siglo XX haciendo el bien y conoció el amor que Dios nos tiene y creyó en Él.

Al comenzar la celebración se escuchaba la canción que tanto significado tiene para algunas generaciones: “Un nuevo sol se levanta sobre la nueva civilización que nace hoy, una cadena más fuerte que el odio y que la muerte, lo sabemos el camino es el amor”. Evocación de aquella primera Jornada Mundial de la Juventud celebrada en la avenida 9 de julio el domingo de Ramos de 1987, con san Juan Pablo II, y que trajo a la memoria del corazón inolvidables huellas del paso de Dios por tantas vidas y por la del cardenal Pironio.

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Tampoco Fernando Vergez, el cardenal delegado por el papa Francisco para presidir la ceremonia, pudo ocultar la emoción al pronunciar las primeras palabras de la eucaristía. Veintitrés años de leal colaboración y filiación espiritual parecieron concentrarse en ese presente, tan cargado de pasado y a la vez de eternidad. ¡Magnificat!

Siguiendo el rito habitual, monseñor Oscar Ojea en nombre de la Conferencia Episcopal Argentina solicitó que el cardenal Eduardo Francisco Pironio fuera inscrito en el número de los beatos. El postulador, padre Toni Witwer sj, expuso una síntesis biográfica de la vida de Pironio y dio paso a la lectura de la carta apostólica de proclamación del nuevo beato. Primero en latín leída por el cardenal Vergez y a continuación en castellano por su antiguo secretario de Mar del Plata, Carlos Malfa, obispo de Chascomús.

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Posteriormente Juan Manuel Franco, el joven que cuando tenía quince meses fue curado sin explicación médica, después de que sus padres rezaran una novena con la intercesión del siervo de Dios cardenal Eduardo Pironio, subió al altar una reliquia del nuevo beato, acompañado de su familia.

cardenal 4El arzobispo de Mercedes Luján había entronizado en el altar la imagen original de Nuestra Señora de Luján, señalando la importancia del acontecimiento, la pequeña talla de más de cuatrocientos años tan venerada por el nuevo beato.

Al concluir la celebración se procedió a realizar una breve peregrinación ante los restos del nuevo beato, ubicados en un altar lateral de la basílica, a los pies de Virgen de Luján.

Conmovían las muestras de fe y devoción de obispos, sacerdotes, religiosas y laicos.

De vez en cuando entra en la historia una persona que transparenta en su vida algo especial y lo trasciende más allá de su propio ser, se hace don para otros. Es el caso del cardenal Eduardo Francisco Pironio, quienes lo conocimos y tratamos somos testigos.

Pero lo extraordinario es cuando la trascendencia se produce a través de lo humanamente inexplicable por lo que se impone la luz de la fe, como han testimoniado los miembros de la familia Franco, no solo agradecidos por el milagro de la vida de Juan Manuel, sino por la sencillez y la alegría con la que comparten las gracias recibidas desde entonces. Estamos alegres y nos sentimos bendecidos. ¡Magnificat!

Gratitud de la Institución Teresiana

Entre la multitud, algunos miembros de la Institución Teresiana representábamos a tantas personas agradecidas por el paso de Dios a través del nuevo beato en sus vidas que hubieran querido estar en Luján aquella feliz mañana.

Es una historia que se remonta a los años sesenta tejida de relaciones de amistad, acompañamiento, ejercicios espirituales, consejos pastorales y de gobierno, eucaristías e innumerables momentos de oración compartida.

cardenal beatoEra un fiel admirador de San Pedro Poveda, compartía día de cumpleaños, 3 de diciembre, y sintonía espiritual. Fue el encargado de presentar la positio super virtutibus en la causa de canonización y presidió emocionado la eucaristía de acción de gracias por la beatificación de Pedro Poveda y Victoria Díez, en el altar mayor de la basílica de San Pedro, el 11 de octubre de 1993.

En 1996 escribió sobre el santo jiennense: «Maestro de oración fue Poveda en sus exhortaciones, en sus escritos, en sus gestos, en su silencio, en su contemplación serena y honda. No hacía falta que él hablara; bastaba que él estuviera allí. Cuando a Jesús le pidieron sus discípulos que les enseñara a orar “estaba Jesús orando” (Lc 11,1). Por eso diría Poveda: orad como Él y con Él. Es que en el centro de la vida de Poveda −sacerdote, hombre de Dios, maestro de oración− está Cristo. “Para mí la vida es Cristo” (Flp 1,21). “Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gal 2,19-20)».

Era nítida la calidad humana y espiritual del cardenal Pironio, así como su finura y profundidad en el ejercicio de su ministerio. Nos alegramos y damos gracias por su beatificación tan esperada y que confirma una intuición compartida por tantas personas. Pedimos su intercesión en estas horas de grandes retos, cuando la Institución Teresiana celebra el centenario de su aprobación pontificia. Deseamos que pronto sea proclamado santo.

Acceder aquí al texto del Cardenal Pironio sobre San Pedro Poveda.

Laura Moreno, Luján.

 

 

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