El Centro Amancay abrió sus puertas en el año 2010 en Maquinista Savio una localidad constituida por personas humildes y trabajadoras de Buenos Aires (Argentina). A través de sus talleres para mujeres, su feria para emprendedores y otras actividades y servicios, se ha creado un clima comunitario muy fuerte que invita a la creatividad, al esfuerzo conjunto y al deseo de salir adelante en un momento complicado para el país.

En Maquinista Savio la palabra supervivencia adquiere un matiz especial porque conseguir llevar unos ingresos a casa resulta una tarea ardua y mucho más difícil que en otros rincones del mundo. Hace unos quince años cuando se creó el Centro Amancay, proyecto social de la Institución Teresiana, que depende de la Fundación Nuevamérica, ya había problemas, pero después de la pandemia estos se acrecentaron y “aún no se ha salido del bache”.
Así nos los transmite Alicia Moltrasio, Coordinadora del Centro: “Todavía arrastramos coletazos de esa época en la que se produjo mucho suicidio juvenil. Incluso a día de hoy se están atendiendo casos muy graves en el Hospital de Salud Mental y Adicciones Papa Francisco, que es el que tenemos aquí. Quien necesita una terapia no tiene atención, por eso un lugar como el nuestro es muy importante”.
Jardín de infancia y talleres
Este espacio se ha granjeado la fama con el tiempo, el esfuerzo de los miembros de la Institución Teresiana, de los voluntarios y las personas dedicadas a él. Y aunque los talleres que ofrece el Centro Amancay son muy importantes, lo cierto es que cuando surgió en el año 2010 fue para abrir un jardín de primera infancia.
“Al conocer a la Institución Teresiana nos pidieron abrir un lugar para acoger a niños de primera infancia (de tres y cuatro años) ya que aquí no hay muchos. Así lo hicimos y comenzamos con este aprestamiento educativo, que sigue en marcha. Se trata de una preparación previa para llegar sin dificultades a la escolaridad obligatoria que en Argentina es a partir de los cinco años. Como es un edificio muy pequeño solo pueden beneficiarse unos 20 niños y se desarrolla por la mañana”, expone Marta Olmedo, miembro de la Institución Teresiana en Argentina.

Para darle uso por la tarde se pensó en impartir talleres para las mujeres, algo que también se consiguió y en la actualidad los hay de costura, tejido, manualidades… Se hacen desde bolsos hasta adornos, colgantes, muñequería (muñecos de tela), junto a talleres de pintura y de yoga.
“Aquí las mujeres aprenden y para muchas de ellas es una forma de autosustento, pues lo que hacen con sus propias manos lo venden. Además, la solidaridad no deja de estar presente ya que en los talleres de tejidos se elaboran mantas para dos o tres hospitales de la zona. Mientras que las de muñequería donan sus creaciones a un hospital de niños durante unas semanas al año”, comenta Marta Olmedo.
Pensando precisamente en cómo aportar más ingresos extra a la economía familiar ante las dificultades laborales de los habitantes de Maquinista Savio, hace tres años idearon una Feria de Emprendedores. Esta se hace en una plaza cercana al Centro cada dos meses mediante una convocatoria en la que se invita a los emprendedores del barrio que no acuden al Centro Amancay.
Por otro lado, como se reciben bastantes donaciones de ropa y libros, se organiza otra feria para dar salida a estos productos y los beneficios obtenidos se dirigen a compra de material, arreglos de desperfectos del local, etc.

Crecer juntas
La actual Coordinadora del Centro Amancay, fue alumna del Instituto Hispano Argentino Pedro Poveda y desde hace un tiempo imparte talleres de tejido, por lo que es una gran conocedora de cómo se estructura el centro. Ella misma nos ha contado cómo se embarcó en esta aventura. “Cuando me mudé a vivir a esta zona de Argentina, Mabel Quintero, miembro de la Institución Teresiana y profesora mía, me contactó para ver si quería dar un taller de manualidades. Este fue mi primer acercamiento en el año 2016. Comencé dando tejidos y después empecé a ayudar a Mabel en la configuración de proyectos hasta que finalmente me quedé con la coordinación del Centro junto con Norma Estela Díaz”.
A lo largo de todo este tiempo han tratado de crecer juntas, pero el espacio les limita un poco porque el edificio, que es una pequeña capilla antigua, impide ofrecer sus servicios a todo el mundo que lo necesita. Sin embargo, han encontrado fórmulas para llegar a más gente: “Como la capacidad física no nos permitía mucho, a Estela y a mí se nos ocurrió duplicar los talleres, es decir, en lugar de dar solo talleres de tres horas, los dividimos en dos de una hora y media. Esto nos permitió establecer dos niveles de costura, nivel inicial y avanzado, y ubicar a cada mujer en su grupo correspondiente ya que no todas tienen las mismas necesidades o el mismo nivel de habilidades”.
A partir de ese momento, hubo un incremento de las personas que se acercaron al centro, por eso ahora están trabajando en este sentido para que crezca en sintonía con esa limitación que tienen.
Cambio de vida
Las mujeres que dan los talleres son del barrio también y están muy conectadas. Dicen que es el único espacio que tienen para aprender, estar juntas, hablar de sus cosas y para poder ayudar a las familias. Incluso en los meses de vacaciones escolares, que en Argentina son en enero y febrero, mantienen el contacto, se reúnen en las casas y toman su mate.
“Todas estas acciones han propiciado un clima comunitario muy bonito con cierto empoderamiento de las mujeres, en el que ellas mismas se animan. En el centro Amancay se presta atención psicológica, hay dos psicólogas, una que trabaja con adultos y una psicóloga y psicopedagoga que trabaja con niños y adolescentes”, indica Marta Olmedo.

Una de las personas que mejor puede hablar de este sentimiento comunitario y de unidad es Estela Díaz, voluntaria y coordinadora del Centro junto con Alicia Moltrasio, que vive justo enfrente del edificio, algo que probablemente contribuyó a lo que hoy aporta a este proyecto social de la IT: “Mi llegada a Amancay es de hace unos 14 años y Mabel Quintero fue quien me rescató. Yo estaba en mi casa, siempre la veía pasar y me saludaba. Yo hacía rosas de goma EVA y a veces me ponía a venderlas en una mesita delante de casa. Un día Mabel se acercó, me compró dos rosas para la Virgen y me preguntó si yo me animaba a ir a dar clases de lo que hacía en el Centro. Yo le dije que tenía que consultarlo con mi marido, pero él en un principio se negó. Entonces Mabel dijo que no me preocupara que al año siguiente las daría. Pasado un tiempo se presentó en mi casa a tomar mate con la psicóloga de aquel momento, y consiguió que mi marido finalmente aceptara. A partir de ahí arrancó mi colaboración”.
Desde ese momento, la vida de esta voluntaria del Centro Amancay se transformó: “Me cambió mucho la vida, ya puedo ir y venir a todos lados, mi marido ya no me dice nada y confía absolutamente en mí. Fue un cambio especial, que me ayudó a crecer muchísimo. Yo no era de hablar mucho, ni de salir, solo de ir a mi casa e ir a trabajar y nada más. Desde que estoy aquí he conocido a mucha gente y muchas personas han conocido cómo soy realmente”.

Alicia Moltrasio añade que para ella la coordinación del Centro es un reto y una gran responsabilidad, pero asegura que es algo muy lindo porque “vamos viendo el crecimiento y los que colaboramos tenemos interés en todo lo que tiene que ver con el voluntariado y ayudar a los demás”.
Por su parte, Estela manifiesta que está orgullosa de estar allí y ser útil a las mujeres: “¡El año pasado me dijeron tantas cosas! Jamás me imaginé que llegaba tanto a ellas y el cambio que yo supuestamente les he propiciado debido a esa necesidad de apoyo, de contención… No sabía que había dado tanto, si no me lo dicen yo no me doy cuenta”.
El Centro Amancay es posible económicamente gracias a la Fundación InteRed, ONGD de la Institución Teresiana, y los fondos de Adveniat (Organización de ayuda de los católicos en Alemania al servicio de todas las personas en América Latina y el Caribe). Sin embargo, tal y como comenta la Coordinadora, elaborar presupuestos es complicado a día de hoy en Argentina, entre otras cosas por la “inflación galopante” con la que convive el país. “Los fondos escasean y se suele recibir menos de lo que se necesita, así que todo se hace bastante a pulmón. Vamos tratando de ingeniarnos para abarcar a más vecinos porque cada vez incluso necesitan más del servicio de atención psicólogica y el cuidado de su salud mental”.
Sin embargo, no se desaniman y Alicia Moltrasio, lo transmite muy claramente con esta frase: “Como Poveda, luchó, luchó, luchó y lo vamos a lograr”.

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Si conoces este u otros proyectos sociales de la Institución Teresiana, puedes compartir tu experiencia en comentarios.
Teresa Rey. Info IT.




