Los campamentos de verano 2025 en el Centro Educativo y Cultural de la Misión Pontificia (PMECC) en Belén son mucho más que un programa para niños y jóvenes, son una revolución silenciosa en un lugar que necesita desesperadamente espacios seguros y llenos de esperanza.
La tensión política, la ocupación, el caos y los ciclos de violencia han perturbado con frecuencia la vida cotidiana en esta región. La reciente guerra entre Israel e Irán, en la que la población experimentó incertidumbre y miedo, ha puesto a prueba la capacidad de la gente para mantener cualquier sensación de paz y normalidad. Sin embargo, el pueblo encuentra la paz y persevera en medio del miedo y la incertidumbre sacando fuerzas de su fe y en la oración, no sólo ofreciendo esperanza, sino también afrontando el sufrimiento como parte de nuestra vida cristiana.
Tanto en Jerusalén como en Belén, a medida que aumentan las tensiones, las familias se apoyan mutuamente, los vecinos comparten recursos, las personas que pertenecen a los distintos grupos civiles y eclesiásticos y a las distintas nacionalidades, OFW (Overseas Filipino Workers) incluidos, unen esfuerzos para compartir bienes y prestar ayuda económica a quienes se ven directamente afectados por el aluvión de misiles lanzados contra Israel. La población local y los extranjeros que viven en estas zonas han demostrado la firmeza y la resistencia, optando por permanecer aquí donde su vida podría estar en juego y en peligro. Abogamos por la paz, no a través de la confrontación, sino mediante la permanencia, una presencia serena y con dignidad. Los pequeños actos de bondad crean focos de paz en los entornos más tensos.
Es incuestionable que la gente está afectada por esta guerra reciente y no podemos afirmar que no tenemos miedo, impotencia y desesperanza, porque lo tenemos. Pero la capacidad de vivir en paz a pesar de las difíciles circunstancias es bastante notable. No esperamos que la paz venga de fuera. Por el contrario, la promovemos y favorecemos: en los hogares, las escuelas, los lugares de trabajo, en el culto y en los corazones. Encontramos fuerza, esperanza y paz en medio del conflicto.
Bienestar integral
Este verano, mientras el mundo a nuestro alrededor temblaba de tensión, miedo y conflicto, nos atrevimos a dejar espacio para algo más: paz, sanación y crecimiento. Del 23 de junio al 18 de julio, dos grupos de 37 jóvenes (de 9 a 12 años) se embarcaron en un inolvidable campamento de verano de cuatro semanas en el que experimentaron juntos el bienestar, la conexión, la creatividad, el autodescubrimiento y el crecimiento personal.
Con un programa cuidadosamente elaborado, el Centro Educativo y Cultural de la Misión Pontificia organizó el campamento de este año, cuyo objetivo era fomentar el bienestar físico, mental y emocional de cada participante. La oferta incluía mucho más que una colección de actividades: a través del deporte, la autoexpresión, el ajedrez, la natación, la sesión de henna,… se convirtió en un espacio para que los jóvenes participantes exploraran lo que significa vivir plenamente y progresar, tanto por dentro como por fuera, estar bien, formar parte y crecer.
Los juegos, talleres y sesiones creativas ayudaron a ganar confianza, desarrollaron vínculos, conexiones y conciencia emocional, convirtiendo a los extraños en compañeros de equipo y las conversaciones en amistad. En sesiones muy interesantes sobre redes sociales, salud mental e inteligencia artificial, los jóvenes hablaron abiertamente de su “vida digital”. Analizaron los altibajos de estar constantemente conectados y reflexionaron sobre cómo las plataformas y redes sociales pueden tanto ayudar como afectar la salud mental.
Alegría compartida
En un campamento lleno de energía e interacción, también hubo tiempo para pararse, mirar al interior con meditaciones guiadas, imágenes relajantes y conciencia sensorial. Se animó a los campistas a disminuir el ritmo, reflexionar, compartir en pequeños y grandes grupos y dar los primeros pasos hacia un estilo de vida más sano, mental, emocional y físicamente. Cada día estuvo lleno de emoción, marcando la pauta para una experiencia de campamento enriquecedora y llena de propósito. Fuimos testigos de cómo elegían la conexión frente al aislamiento, el autodescubrimiento frente a la desesperación y la resiliencia frente a la resignación. Juntos jugamos, reflexionamos, nos expresamos y dimos pasos –por pequeños que fueran– hacia una forma de vida más firme y esperanzada. Desde la toma de contacto matutina hasta los juegos llenos de risas, todos los días estaban llenos de objetivos, nuevos descubrimientos, retos, aprendizaje y alegrías compartidas.
Elegir la paz
¿Cómo es posible la paz aquí, en Jerusalén y Belén, lugares atrapados en el fuego cruzado de conflictos mayores? Nuestro campamento se convirtió en uno de esos lugares de paz. Cuando los niños cogían piezas de ajedrez en lugar de teléfonos, practicaban el regate con la pelota en lugar de navegar por internet, o creaban símbolos para expresarse, no sólo aprendían habilidades. Estaban reclamando espacio para la calma, la confianza y la comunidad.
Cuando los jóvenes se pararon a pensar cómo las redes sociales moldean sus mentes... cuando escribieron motivos de gratitud en un papel con forma de hoja y la colocaron en un árbol simbólico... cuando unieron sus manos para reír, discrepar, ser creativos o rezar, estaban haciendo algo radicalmente transformador: elegir la presencia frente a la presión, la verdad frente a la mentira, la pertenencia frente a la división.
No se trata de una paz pasiva. Es una elección que se hace cada día: desafiando al miedo, en la tranquilidad de la meditación, en el cuidado de los compañeros de campamento. Este verano nos ha demostrado que, incluso en medio del caos, podemos crear espacios en los que los jóvenes estén seguros, sean visibles y escuchados. Donde la próxima generación se atreva a creer que puede formar parte de algo mejor. Sigamos reflexionando, sigamos construyendo, sigamos eligiendo la paz incluso cuando el mundo parece optar por otro camino.
Este campamento es algo más que un programa: es una revolución silenciosa en un lugar que necesita desesperadamente espacios seguros y llenos de esperanza. Al dar a los jóvenes las herramientas para expresarse, conectar profundamente y reflexionar sobre quiénes son y quiénes quieren llegar a ser, estamos plantando semillas de paz justo donde más se necesitan.
Este verano, hicimos espacio... Convertimos este campamento en un lugar tranquilo de paz. Un lugar donde los pies corrían libremente por la pista de baloncesto, donde las voces resonaban en las representaciones y en los intercambios de grupo, donde las mentes se esforzaban en las partidas de ajedrez y las manos daban forma a patrones de henna y arte.
La paz no está ahí fuera. Está dentro de cada persona esperando a ser elegida y compartida. Juntos, las y los campistas se llenaron de recuerdos, habilidades, conocimientos, una mayor conciencia de sí mismos... También fortalecieron relaciones y amistades, crearon hábitos y todo con un propósito que durará mucho más allá del verano.
Galería de imágenes
Texto Monnitte Monana.
Original inglés, traducción Info IT.
Fotos equipo del PMECC.




