Miquel Galitó i Pubill nació en Castellnou de Seana (Lérida) en 1943 y falleció de manera súbita en Barcelona en el año 2012. Formó una unida familia junto a su esposa Esther Mari, su hija Maria Esther y su nieto Álex.
Con una profunda inquietud cultural e histórica, Miquel fue la genialidad, el motor y la perseverancia en la apuesta por hacer de su Castellnou de Seana natal un referente de la cultura. Quiso ser el dinamizador, el promotor del legado de su querido pueblo y su historiador por excelencia, ejerciendo con gran ilusión como director de los Estudis Castellnouencs. Sus grandes aficiones fueron escribir y pintar. De su sensibilidad artística brotaba siempre un gesto generoso, ya que de cada una de sus exposiciones pictóricas surgía una obra solidaria o el apoyo directo a proyectos de ayuda social.
Tras su jubilación, dedicó su tiempo como voluntario en Convivim, un proyecto de la Fundación Viarany (entidad promovida por la Institución Teresiana en Barcelona) dedicado a la acogida, alfabetización, formación y apoyo para la inserción social y personal de personas adultas migradas.
Vida fecunda en la Institución Teresiana
Miquel conoció la Institución Teresiana junto con su mujer Esther Mari como padres del colegio San Pío X (hoy col·legi Arrels), de la mano de María Cursarch. Fueron padres muy implicados en el AMPA del colegio y en todo aquello que se les pudiera solicitar. Pronto pasaron a ser miembros de matrimonios ACIT, participando plenamente en todas las actividades.
En el año 1986 entró a formar parte de la Junta de la Asociación ACIT Barcelona (actualmente ACIT Levante Norte). Miquel asumió las tareas de secretario y, posteriormente, de presidente de ACIT Levante Norte, llegando a ser también presidente de la Federación ACIT de España. Con gran emoción, fue oferente en el voto de Covadonga en el año 2010, al celebrarse el 25º aniversario de la Federación ACIT.
La de Miquel ha sido una vida fecunda, de un compromiso que comunicaba y contagiaba. Nunca estaba cansado para la Institución Teresiana y siempre era capaz de sacar tiempo para ella. Nos deja un gran legado de entrega, ilusión y verdadera amistad.
Hombre creyente, miembro de la Institución Teresiana, a la que quería con el alma. Vivió su fe plenamente comprometido con la transformación de la sociedad, aportando su tiempo, su dinamismo y su constante espíritu de servicio.
Referente de perseverancia y generosidad, siempre dispuesto a tender la mano a través de proyectos solidarios y de inserción social. Su ejemplo de vida y su entrega incondicional quedan como un modelo para todos nosotros.




