Miembros de la IT en Taiwán han celebrado recientemente el centenario de la aprobación pontificia de la institución, con una ceremonia sencilla y cálida.

Para celebrar la aprobación pontificia de la Institución Teresiana hemos escogido el sábado 26 de octubre de 2024. Durante el acto, ofrecimos una Misa en acción de gracias que se celebró en la Iglesia del Sagrado Corazón de Taipei, donde estuvo ubicada la IT Taiwán durante más de veinte años. Debido a nuestra presencia y colaboración en esa parroquia, especialmente mediante la asistencia a inmigrantes y otros extranjeros, es un lugar de celebración significativo para nosotros.
La mayoría de los miembros de Taiwán estuvieron presentes, y nos encargamos de la parte del ofertorio de la misa. Teresa Wei (AP) y Joseph Lin (ACIT) ofrecieron el pan y el vino, y cuatro miembros más ayudaron a hacer la colecta. Joy Ampiloquio introdujo todas las ofrendas, un gesto muy simbólico que recoge todos nuestros propósitos y oraciones.
Eddie Hsiao, presidente de ACIT Taiwán, presentó la IT antes del himno de despedida. Fue una introducción breve y concisa en la que hizo hincapié en el centenario de la aprobación pontificia. Al mismo tiempo, animó a la congregación a compartir los folletos y marcapáginas que repartieron cuatro miembros al entrar en la iglesia, con el objeto de difundir el carisma de la IT entre aquellos que aún no nos conocen.
Tras la Eucaristía, tuvo lugar una cena familiar en un restaurante de comida sana. Este momento brindó una excelente oportunidad para conectar, compartir experiencias y obtener inspiración y energía de la compañía de los demás. Fue un momento muy festivo y cálido.
Grandeza de corazón
Es posible que de cara al exterior no parezca una gran celebración, pero es una celebración que refleja la grandeza de corazones de todos los miembros de la IT, tanto de ACIT como de AP, en Taiwán. Su humilde presencia en diversos contextos de trabajo articula nuestra propia espiritualidad de la Encarnación como sal y luz.
Fue una celebración sencilla, pero serena de nuestra presencia transformadora en la iglesia local, donde la mayoría de nosotros servimos a diferentes parroquias y diócesis. Estuvo llena de alegría y esperanza. Somos una Obra de la Iglesia, y el Espíritu Santo nos sigue guiando “para que nos levantemos y sigamos avanzando...”.
Joy Ampiloquio, IT Taiwán.




