Durante el mes de julio, el Centro Virgen María de África (Guinea Ecuatorial) de la Institución Teresiana dio un nuevo paso en su compromiso con una educación que acompaña a las personas en todas las etapas de la vida. Es por ello que puso en marcha, por primera vez, una oferta de cursos de verano para jóvenes y personas adultas. Además, volvió a realizar una nueva edición de la iniciativa educativa y de voluntariado "Súper Vacaciones".

Esta iniciativa ha nacido como respuesta a las necesidades formativas del entorno y al deseo de ofrecer oportunidades de aprendizaje que favorezcan la empleabilidad, el desarrollo personal y la adquisición de competencias adaptadas a los nuevos desafíos sociales y tecnológicos.
En esta primera edición participaron 33 personas, de los cuales 12 fueron hombres (36,4 %) y 21 mujeres (63,6 %).
Los cursos fueron impartidos por dos profesores del área de Formación Profesional del Centro, que combinaron contenidos teóricos con actividades eminentemente prácticas, favoreciendo un aprendizaje aplicado y adaptado a las necesidades reales del alumnado.
La valoración realizada por los participantes fue muy positiva. Destacaron el enfoque práctico de la formación y la utilidad de los conocimientos adquiridos para el ámbito laboral y personal.
“Con esta iniciativa, el Centro Virgen María de África ha querido aportar una pequeña respuesta a las necesidades formativas de su entorno, inspirándose en la propuesta educativa de San Pedro Poveda. La buena acogida de esta primera experiencia nos anima a seguir ofreciendo, con ilusión, oportunidades de aprendizaje y crecimiento para las personas”, informa Silvia Mope
Nueva edición de Súper Vacaciones
En paralelo, también durante el mes de julio pasado, el Centro Virgen María de África volvió a convertirse en un espacio de encuentro, aprendizaje y convivencia gracias a una nueva edición de las “Súper Vacaciones”, una iniciativa educativa y de voluntariado promovida desde la Institución Teresiana. Este año bajo el lema “Aprender jugando, crecer disfrutando”, unos ochenta niños, niñas y adolescentes vivieron unas semanas en las que el estudio, el juego y la educación en valores caminaron de la mano.

El programa contó con la dedicación de 18 voluntarios jóvenes, entre ellos tres docentes del propio Centro. El trabajo conjunto, la planificación compartida y el deseo de ofrecer un servicio educativo de calidad hicieron posible el desarrollo de un programa que fue mucho más que un curso de verano.
En las actividades participaron 80 estudiantes, desde 3.º de Educación Primaria hasta 4.º de Enseñanza Secundaria Básica. Cada participante pudo elegir las asignaturas de refuerzo y el taller de su interés, favoreciendo así una experiencia más personalizada y motivadora.
Cada jornada comenzaba con un momento de oración y una reflexión sobre valores humanos como el respeto, la solidaridad, el compañerismo, etc. Después tenían lugar las clases de refuerzo de Matemáticas y Lengua Española, seguidas de diversos talleres (ajedrez, animación a la lectura y escritura creativa, bisutería, guitarra, inglés, informática, trenzas y fútbol). El día concluía con juegos y actividades de animación que fortalecían la convivencia y la participación.
Uno de los elementos más motivadores fue el sistema de incentivos basado en los llamados “IT”, unos boletos que los participantes iban consiguiendo gracias a su constancia, responsabilidad, participación y colaboración. Al finalizar el programa pudieron canjearlos en un mercadillo organizado. Esta iniciativa ayudó a reforzar hábitos positivos y permitió que todos los participantes disfrutaran de una recompensa fruto de su esfuerzo.
A lo largo del mes, los voluntarios mantuvieron encuentros semanales de evaluación y coordinación para revisar el desarrollo de las actividades, compartir aprendizajes y preparar la semana siguiente. La experiencia concluyó con una evaluación final vivida en un ambiente de oración, reflexión y acción de gracias, seguida de un sencillo momento de convivencia.


Las “Súper Vacaciones” vuelven a confirmar que la educación trasciende las aulas cuando se convierte en una experiencia de encuentro, cuidado y crecimiento compartido. Inspirados por la pedagogía de Pedro Poveda, los voluntarios han hecho realidad una manera de educar que pone a la persona en el centro, crea comunidad y ofrece oportunidades para aprender con alegría y esperanza.
Al finalizar la experiencia, los voluntarios agradecieron a la Institución Teresiana la oportunidad de compartir sus conocimientos y su tiempo al servicio de los demás, reconociendo que esta experiencia también les ha ayudado a crecer personal y humanamente.
Esther Abogo y Silvia Mope.




