Misión de jóvenes universitarios y celebración de la Pascua para dar a conocer la nueva capilla dedicada a Pedro Poveda en Uruguay.

El pasado 12 de abril Monseñor Milton Tróccoli, Obispo de Maldonado-Punta del Este-Minas, bendijo la nueva capilla San Pedro Poveda y San Francisco de Asís ubicada en el balneario Buenos Aires, en la diócesis de Maldonado-Punta del Este-Minas-Rocha. Fue una celebración gozosa y participativa, tejiendo Iglesia al estilo povedano.

Semanas antes, la Institución Teresiana de Uruguay estableció allí su presencia, en la costa atlántica uruguaya, con la proyección de animar una propuesta socioeducativa.Se trata de una población muy diversa que ha ido llegando a esta zona. Unas diez mil personas viven ya de forma permanente, en su mayoría trabajadores, otros lo hacen intermitentemente en residencias de veraneo. La comunidad creyente es pequeña pero fervorosa como lo transparenta este testimonio: “Desde hace años formamos parte de una comunidad de fe que reza para tener un lugar físico de adoración y oración. Actualmente nos parece un milagro haber concretado este sueño, después de tanto pedir, y de tantas personas que sumaron amor y donaciones. Necesitamos que esta comunidad crezca y los necesitamos a ustedes para llevar la buena noticia a las familias del balneario”.
Jóvenes y comunidad local
Para dar a conocer la nueva capilla, en Semana Santa, un grupo de jóvenes misioneros conformado por estudiantes de las residencias universitarias de la IT y de franciscanos conventuales, se acercó al lugar a vivir y compartir la Pascua con la comunidad local que esperaba con gran hospitalidad y acogida.
Fue una ocasión maravillosa de fortalecer lazos comunitarios, vivir el Triduo Pascual con sus respectivas celebraciones, y atraer nuevas personas del lugar a la comunidad cristiana que ahora tiene referencia clara en su nueva capilla. Se visitaron familias partiendo de las calles más alejadas, se desarrollaron actividades lúdicas con niños del lugar, y al caer la tarde, se culminó con una liturgia muy viva cada día acompañando a Jesús.

“La misión fue un paso de Dios grande en mi vida –recuerda Lucía de la Residencia IT de Montevideo–, porque pude verlo en la comunidad que nos recibió, en cada hogar que visitamos, en esas situaciones difíciles por problemas de drogas o de salud mental… Tanto como Jesús que carga con su cruz, ellos cargan con sus dificultades, pero una vez que íbamos, nos abrían sus puertas o iban a las celebraciones y sus vidas cambiaban ante la buena noticia o la esperanza de Dios en sus vidas. Las miradas cambiaban… como con una paz distinta. También el paso de Dios en el grupo fue muy fuerte. Cada uno salió diferente. En lo personal yo dejé de lado miedos y fragilidades en esa entrega y lo puse en las manos de Jesús y volví renovada… Dejas de lado los temores y las angustias y te entregas a Él en sus manos y todo cambia y así fue para muchos la misión. Nuestras miradas eran diferentes, las celebraciones eran diferentes. Se realizó en la unión de nuestras residencias que son hermanas hace mucho tiempo y nos permitió vivir esta experiencia y compartir lo que cada uno llevaba en su corazón y ese amor a Dios. Eso fue para mí la misión”.
Agradecidas por estos tan gozosos signos pascuales, compartimos la alegría del Resucitado y le confiamos esta nueva presencia.
Ximena Mazzetti, Uruguay.




