La Institución Teresiana en Cataluña clausuró el año de celebración del centenario con una conferencia impartida por Elisa Estévez, miembro de la Institución Teresiana e integrante de su Consejo de Gobierno, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).
En este acto celebrado en Barcelona, el 11 de enero, también estuvieron presentes Mª del Carmen Aragonés, directora de Sector de la IT en España y Emili Gil, Provicario del Arziprestazgo de Barcelona, en representación del Cardenal Juan José Omella.
La sala que acogió el evento estaba llena, a la espera de que la teóloga y profesora de universidad, Elisa Estévez comenzara su ponencia titulada: “Con la cabeza y el corazón en el momento presente: desafíos para el creyente en el momento actual”.
Sus primeras palabras aludieron al fin de un año colmado de celebraciones en el que la Institución Teresiana ha dado gracias por lo que el carisma de Pedro Poveda ha ido encarnando en las distintas realidades de los cuatro continentes en los que está presente. “Hemos visto cómo esos frutos de los que Pedro Poveda hablaba se están dando. Es una alegría”.
El aquí y el ahora
A continuación, inició su discurso con una frase de Ernesto Sábato: “A la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”. Algo, que según aseguró la teóloga, no es fácil reconocer.
Esto es así porque, entre otras cosas, vivimos inmersos en el imperativo categórico del bienestar, la felicidad y el optimismo, además de estar doblegados por la sociedad del rendimiento. Sin embargo, es preciso vivir con plenitud el momento presente: el aquí y el ahora. Es decir, vivir conectados con la presencia que nos habita.
“Las palabras de Pedro Poveda: Yo que estoy con la cabeza y el corazón en el momento presente, constituyen el enmarque adecuado para preguntarnos por los desafíos actuales de quienes creemos en Jesús”, justificaba así Elisa Estévez el título de su ponencia y el sentido de la misma.
“Hay que vivir el aquí y el ahora colmándolo de amor y no vivir desterrados, ni desarraigados, dispersos o distraídos. La certeza más bella es el momento presente, si lo vivimos en la plenitud de Dios. Poveda decía que había que centrarse en hacer bien las obras ordinarias y corrientes. Y resaltaba que lo ordinario se viviera de forma extraordinaria”, continuó.
Inteligencia sentiente
Al mismo tiempo, la teóloga aseguró que aquellos que siguen a Jesús, han de entrar en la realidad con una inteligencia sentiente ante las situaciones de cada persona: “Los desafíos que se presentan a los creyentes y que están impregnados de ese sentir inteligente, se encuentran preñados de esperanza”.
Igualmente resaltó que estamos llamados a ejercitarnos en una mirada contemplativa, que no se basa solo en mirar sino también en dejarse mirar por la realidad y por los que viven en la periferia. De hecho, destacó la importancia de centrarse en los sentidos: ver, tocar, mirar…, pues en la actualidad la sensibilidad está atrofiada porque las sociedades evitan todo lo que sea negativo, entre otros motivos.
Se focalizó en los sentidos de la mirada y la escucha. Ambos deben ser vulnerables: “Que nos dejemos afectar, herir, por quien padece soledad, injusticia, exclusión…” Todo ello implica una decisión consciente de parar y detenernos con las personas de forma constante. “La práctica contemplativa es una escucha atenta de cada persona y de cada realidad”, matizó. Además habló del silencio, necesario para distanciarnos de las urgencias.

Distintos y más humanos
Volvió de nuevo a la idea de que hemos ser testigos de una “extra-ordinaria” singularidad. “La fe nos ayuda. Hay que atreverse a ser distintos. Como decía Pedro Poveda, ‘a vivir como todos, pero distintos”. Y resaltó la reflexión de que la incertidumbre es una oportunidad que invita a pensar más allá de lo establecido.
Del mismo insistió en el hecho de que ser más humanos está reñido con el individualismo: “Nos necesitamos los unos a los otros. Llegar a ser plenamente humanos es una tarea comunitaria y no individualista. Para ello, hay que dejar de lado el egoísmo cotidiano tan frecuente en la sociedad actual, aceptar la responsabilidad, cultivar la interdependencia para propiciar sociedades más justas y creer firmemente que el otro es un ser libre”.

En definitiva, Elisa Estévez insistió en que es necesario cultivar la esperanza solidaria, cuidar a todos –que es también ocuparse–, e invitó a los presentes a implicarse y complicarse por la vida. Animó a frecuentar el futuro y así ser capaces de hacer que germinen sueños. Sugirió crear un imaginario positivo y conectar con la mejor situación futura que quiere emerger en cada persona.
Tras la conferencia, la teóloga y profesora de universidad, respondió a varias preguntas que formuló el público asistente. El acto se cerró con una breve intervención de Carmen Aragonés y Emili Gil.
Para ver y escuchar la ponencia complenta puedes hacer CLIC AQUÍ.
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