Carmen Sánchez Beato, nacida en Astorga el 12 de marzo de 1906, falleció en Madrid el 13 de julio de 1998. Fue Directora General de la Institución Teresiana de 1957 a 1977, siendo sucesora de Josefa Segovia.
Carmen Sánchez Beato nació en Astorga el 12 de marzo de 1906. Estudió magisterio en Logroño y entró a formar parte de la Institución Teresiana en 1929. Ejerció como maestra nacional en San Juan de la Encinilla, provincia de Salamanca, durante los años 1930 y 1931. Obtuvo en 1938 la licenciatura de Derecho en la Universidad de Salamanca y posteriormente, cursó estudios superiores de Teología, Mariología y Catequética.
Dirigió la Escuela de MagisterioSanta María de la Almudena de Madrid desde 1948 a 1957, año en el que falleció Josefa Segovia y fue elegida Directora General de la IT. Antes de este ya había ocupado diversos cargos de responsabilidad en la Institución. Perteneció, de 1940 a 1950, al Consejo de Gobierno y fue Vicedirectora General desde 1950 a 1957.
Directora General hasta 1977, impulsó los estudios superiores de sus miembros, y amplió la presencia del carisma de Poveda en el mundo: Taiwan, Jordania, República Democrática de Congo (entonces Zaire) Colombia… y nuevos proyectos en Europa y América. Apoyó también la recuperación de las “asociaciones cooperadoras de la Institución” que había iniciado el fundador y que después de años sin actividad, comenzaron a cobrar nueva vida con distintas asociaciones que actualmente se conocen por la sigla ACIT.
Como Directora General, Carmen Sánchez Beato escribió numerosas cartas sobre temas de teología espiritual dirigidas a los miembros de la Institución. Alentó también publicaciones de los miembros de la IT, y las revistas: Eidos, de tema educativo; Crítica, heredera de publicaciones impulsadas desde el inicio de la Institución; y Nuevamérica, revista latinoamericana –publicada ahora en Brasil– que pone en diálogo distintos países del subcontinente.

Durante su mandato, Carmen recorrió los países donde la Institución está presente y conoció a distintas personalidades de la Iglesia, el mundo educativo, la sociedad y la cultura. En la foto la vemos con Dom Hêlder Cámara, arzobispo emérito de Olinda y Recife (Brasil) y exponente eclesial en el postconcilio por la defensa de los Derechos Humanos y la no-violencia, en una visita a España en mayo de 1992.
En la Asamblea general de 1977, Carmen Sánchez Beato concluye dos décadas al frente de la IT. Desde entonces y hasta su muerte se dedicó al “Secretariado Pedro Poveda y Josefa Segovia” oficina para la difusión de la figura del fundador y de su principal colaboradora. Además de formar parte del equipo de gobierno de Josefa Segovia y haberla tratado ampliamente, Carmen Sánchez Beato había conocido a Pedro Poveda unos años antes de su muerte. Se encontraba en Madrid cuando el fundador fue apresado y murió mártir. En 1993 tuvo la dicha de asistir a su beatificación en Roma.
De la mano de María
La muerte de Carmen Sánchez Beato, cumplidos los 92 años y en vísperas de la fiesta de la Virgen del Carmen, dio cita a amistades, sacerdotes y miembros de la IT que la conocían y estimaban. En su funeral y entierro el 16 de julio, el clima de gratitud por su vida fecunda animaba a todos los presentes a felicitarla, como se hacía en su onomástica. Ella emprendía camino a la Vida Nueva de la mano de María cuya devoción había propagado y animado.
Angeles Galino, su sucesora al frente de la Institución, trazó de ella este breve retrato: "Mujer de acción y de gobierno, fue ante todo una contemplativa, un gran corazón, una vida para los demás”.
En un artículo de obituario en la revista Alfa y Omega, Marisa Rodríguez directora de Crítica, escribió: “Bien puede afirmarse que su vida fue paradigma del carisma povedano, ese estar en medio de las estructuras temporales con una singularidad que robustece por dentro. Sabía bien que hacer dialogar la fe y la ciencia requiere personas preparadas, y en ese objetivo puso su empeño, formando numerosas generaciones de jóvenes. Carmen no perdió jamás la ilusión de vivir, ni el afán por que otros vivieran intensamente, ni la fe en los más pequeños, ni su confianza en la debilidad. Era en el final de sus días una joven anciana con la memoria y el corazón a punto”.
“Mujer fiel y entera, –señaló Arantxa Aguado, entonces Directora de la Institución–, que seguirá acompañándonos en el camino de la misión eclesial que se nos confía en esta hora del mundo”.
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