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Hace más de 20 años surgió en Cícero, un pueblo del estado de Illinois (Estados Unidos), un proyecto para ayudar a migrantes. Estamos hablando del Proyecto Educativo Pedro Poveda (PEP), un espacio humano con varios programas de enseñanza cuyo principal objetivo es mejorar la calidad de vida de sus alumnos. Desde sus orígenes en el año 2001, se han producido muchos cambios, pero lo importante es que esta iniciativa ha transformado vidas desde sus inicios y todavía sigue haciéndolo.

El PEP fue posible gracias al esfuerzo de un grupo de personas que encontraron una necesidad en Cícero, un pueblo a tan solo 13 kilómetros de Chicago. Carmen Fernández Aguinaco y Arantxa Aguado, miembros de la Institución Teresiana, se encontraban en esta ciudad por aquel entonces. “Un grupo de maestros españoles nos mostraron su preocupación al detectar que muchos integrantes de las familias de sus alumnos migrantes carecían de educación básica e incluso algunos no sabían ni leer ni escribir, lo que les impedía ayudar a sus hijos en las tareas escolares, y por ello querían hacer algo”, comenta Carmen Fernández Aguinaco.  

Los comienzos

Entonces, se pusieron manos a la obra, pero había un inconveniente: carecían del espacio necesario para dar las clases. Uno de los profesores pasó un día por la iglesia Santa Francisca Romana situada en Cícero, que ahora se llama Santa María Francisca de las Cinco Llagas, y le contó al párroco Mark Bartosic lo que pretendían. Como el sacerdote prácticamente se acaba de instalar y aún había “poca vida” en la parroquia, acogió con agrado la idea.

“Después, Arantxa y yo fuimos a hablar con el párroco, que en la actualidad es obispo auxiliar de Chicago. Una vez aclarados todos los detalles, hicimos un anuncio en la iglesia diciendo que si alguien tenía interés en mejorar su lectura y escritura, que hablara con nosotros. Aparecieron unas 20 mujeres. Algunas no sabían leer, otras tenían unos conocimientos muy básicos. Y así comenzamos el programa con voluntarios”. 

Pasado un tiempo apareció un sacerdote mexicano solicitando clases de inglés, y preguntó si le podían ayudar. “De modo que añadimos el programa de inglés, y más adelante aparecieron cuatro mujeres solicitando formación para obtener el GED (General Education Devolopment), una prueba que exigen en Estados Unidos para obtener un título equivalente a Secundaria y que posibilita acceder a títulos universitarios. Al principio no sabíamos cómo se hacía, lo investigamos y conseguimos crear otro programa, que además creció muchísimo”.PEP Chicago interior

En un principio, les cedieron espacio en la parroquia, pero como la demanda fue tan grande, Bartosic les ofreció en el año 2015 la posibilidad de usar un edificio que se había usado como Rectoría. Sin embargo, era necesario rehabilitarlo. Eso fue lo que hicieron, se formó un “ejército de voluntarios” gracias a la intervención de Evaristo Ocampo (actual miembro de la IT) para que la casa, con dos plantas y un sótano, se convirtiera en un lugar adecuado para impartir clases.

Un par de años después, y ya con un nuevo párroco, Paul Stein, se elaboró una nueva propuesta de programa: “Universidad de la Familia”. Olga y Rafael Anglada, también miembros de la Institución Teresiana, asumieron la coordinación y dirección de esta iniciativa.

En paralelo, ya en el año 2018, el programa de Liderazgo Catequético en español de la Arquidiócesis de Chicago solicitó la ayuda del PEP para comenzar un programa de “Escritura para el Liderazgo”. En un principio, se impartieron sesiones de investigación académica y escritura. Más adelante, se ofreció un laboratorio de lenguaje para estudiantes del Instituto de Liderazgo Pastoral en sus trabajos académicos.

La pandemia y el ICE

La llegada de la pandemia en el año 2020, provocó un antes y un después. “Se intentó seguir con los programas a través de medios telemáticos, pero fue complicado. Entre el año 2022 y 2025, se hizo un esfuerzo de reconstrucción, sin embargo ya no había tanto apoyo parroquial y no se podían hacer tantos anuncios. La gente se había descolgado”, indica Carmen Fernández Aguinaco.

A todo esto hay que añadirle la situación actual en el país, complicada para los migrantes debido a las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés). Además, es importante destacar que en Cícero el 87,5% de la población es de origen hispano o latino, según el censo de Estados Unidos (julio 2025).PEP Chicago 3

Otro de los miembros de la IT, Beth Alcazár, que imparte clases de inglés en el PEP, asegura que muchos migrantes tienen miedo de salir a la calle. Algo que también apunta Alexandra, que recibe clases de inglés desde hace un año y procede de México. Imelda López, del mismo país, y que igualmente va a clases de este idioma, comenta que las redadas han influido en el descenso de los alumnos: “Muchas personas dejaron de acudir presencialmente y se apuntaron online, pero no es igual”.

Gella Cell, profesora voluntaria de inglés, corrobora esta realidad: “Tristemente debido al ICE muchos estudiantes empezaron a recibir sus clases por Zoom. Ahora nos está costando mucho recuperar a los alumnos que hemos perdido”.                                                                                                                                                                   

Aunque últimamente la situación respecto a las redadas del ICE parece haberse calmado, la amenaza está presente. “Eventos muy populares se han cancelado –prosigue la voluntaria– y a los que se mantienen, apenas acude gente. Yo misma, a pesar de tener la ciudadanía estoy con miedo porque no sabes en qué momento te pueden parar”.

Las personas con las que hemos hablado nos han contado también cómo cooperan en estas situaciones y cómo se comunican a través de distintos medios cuando hay controles. “Aquí llaman coloquialmente a los agentes de las deportaciones las migras. Algunos tienen un silbato y cuando están cerca lo usan para avisar. Los vecinos se ayudan mucho entre sí”, asegura Beth Alcázar.

Lo que viene

PEP Chicago clasesA pesar de todas estas dificultades el PEP continúa con su labor. Teresa Ocampo, es la actual coordinadora y miembro IT. Ella da clases de inglés y aunque haya disminuido la demanda, explica que también necesitan voluntarios porque a veces surgen peticiones de formación y tienen que buscar a personas cualificadas.

Desde el año 2002, el PEP ha beneficiado a unas 1500 personas, ha otorgado alrededor de 300 títulos GED, y ha logrado que algunos alumnos sigan con sus estudios en la universidad.

Ghela Cell, dice que para ella es una satisfacción participar en este proyecto social de la Institución Teresiana como voluntaria: “Para mí, una de las recompensas más bonitas es escuchar a mis alumnos decir que les estoy resolviendo dudas prácticas del día a día, cosas cotidianas que les ayudan y permiten practicar con sus niños. Lo más bonito de este proyecto es que les ayudamos a mejorar sus vidas para que, por ejemplo, puedan ir a un restaurante y pedir su comida favorita”.

Imelda López, explica que a ella el proyecto le parece una alternativa muy buena “porque tener las clases los sábados por la mañana permite que puedan beneficiarse personas como yo, que solo puedo asistir los fines de semana”.

Por su parte, Alexandra añade que los maestros son muy accesibles: “Nos ayudan mucho y se preocupan por nosotros”, algo que no suele suceder con otras formaciones gratuitas que dependen del estado y que son más rígidas.

En la actualidad, “la filosofía del PEP es ir atendiendo las necesidades del momento, hasta que la situación se estabilice”, concluye Carmen Fernández Aguinaco.

Info IT

 

 

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